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SAN CARLOS, COJEDES, Venezuela
ABOGADO CON INTERES SOCIAL. ASESORIAS PENALES, CIVILES, MERCANTILES, AGRARIO, ADMINISTRATIVO, LABORAL Y LOPNA

martes, 2 de febrero de 2016




               PASTOR ANTONIO JOSE MACEA Z
DESENMASCARANDO EL ESPÍRITU DE ERROR
 
Todos los seres humanos venimos a este mundo con una identidad y un propósito específico. Ningún ser humano es igual a otro, ni siquiera aquellos que son concebidos en el vientre de su madre al mismo tiempo y que tienen mucha similitud física, como los gemelos o los mellizos.  
  El primer rasgo de identificación que Dios puso en el ser humano fue sus huellas dactilares, que como bien sabemos han servido para identificar a cada persona en una forma inequívoca y así poder organizar la sociedad y en esta forma conceder los derechos e imponer las obligaciones y responsabilidades a todo individuo.
Ahora bien, así como las huellas dactilares son únicas para cada individuo y establecen su identidad ante las autoridades del país donde nació y del mundo, igualmente en el mundo espiritual cada ser humano tiene una identidad única y una misión específica que debe cumplir durante el tiempo que permanezca en este mundo. Una misión  que ningún otro ser humano puede cumplir por él, y que le conceden derechos y responsabilidades específicas cuando se presente ante el tribunal de Dios, y que además, si  actúa durante su vida  dentro de los parámetros de esta misión  su vida estará llena de gozo, paz y será prosperado en todos sus caminos.
Por esta razón es necesario que todo ser humano descubra su identidad espiritual y el propósito específico por el cual fue enviado a este mundo.  Si no descubrimos nuestra identidad y la misión que tenemos que cumplir estaremos actuando en error, es decir, fuera de la voluntad de Dios y como consecuencia todo lo que hagamos nos saldrá mal y aunque prosperemos en algunos campos por nuestras capacidades intelectuales, no tendremos el gozo y la paz que solo da el saber que estamos haciendo la voluntad de  Dios, es decir, cumpliendo la misión por la cual estamos en este mundo.
 Entonces el enemigo,  que no quiere que el ser humano descubra su verdadera identidad infunde un espíritu de error, con falsas doctrinas que “revela” a personas que ya están actuando fuera del propósito de Dios, y con la estimulación de la religiosidad, es decir manteniendo al pueblo entretenido en los cultos externos, en las solemnidades, que son importantes, pero que si nos quedamos en ellas nos desvían de nuestro propósito y del descubrimiento de  nuestra verdadera identidad.
Este espíritu de error, al mantener a la persona entretenida, creyendo que está actuando en la verdad, y que esta agradando a Dios haciendo cosas que El no le ha  
Mandado hacer, no le permite recibir la revelación del Espíritu del Padre, que es la única manera de descubrir la verdadera identidad, y de actuar en el cumplimiento de nuestro propósito.
Todos los nacidos de nuevo hemos leído la Biblia y sabemos que en ella se nos dice que cuando aceptamos a Yahshua somos una nueva Creación, que somos hijos del Padre celestial, que somos reyes, sacerdotes y embajadores dentro del Reino del Padre. Y algo muy importante que nos permite actuar conforme a nuestra identidad para que cumplamos con nuestro propósito  es saber que somos ministros de un nuevo pacto y que tenemos acceso  para vivir en el lugar Santísimo, es decir en plena intimidad con el Padre y expuestos  a Su revelación que es la única manera como podemos establecer el reino en el tiempo, en el territorio y en los corazones humanos.  Pero esto que hemos leído en múltiples oportunidades no lo ponemos por obra, porque no nos ha sido revelado y seguimos actuando guiados por el Espíritu de error, creyendo que somos unas mansas ovejitas sin identidad y sin propósito.
Entonces es necesario desenmascarar ese Espíritu de error y buscar la revelación del Espíritu del Padre que nos da la autoridad y el poder para cumplir el propósito que El nos ha encomendado.
 

viernes, 12 de septiembre de 2014


                                                                                Por: Antonio Macea

¿Cual Seria Tu Deseo El Día De Tu Cumpleaños?

A propósito de mi cumpleaños. Toda acción provoca una reacción" significa que si eres hacedor siempre provocaras inquietud y comentarios, es inevitable. Las personas somos lo que hacemos y no lo que decimos. Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro. Cuando deje de soñar, dejaré de ser feliz, me siento dichoso y podría decir que completo, de mi vida, de mis bienes y quizás no me falta nada. He tenido un buen trabajo que me agrada, con lo que puedo satisfacer todas las necesidades de mi familia. ¿Y cómo no poder hacerlo, si después de todo, trabajo tanto para lograrlo? Ah, mis hermosos y amados hijos! …Gracias a Dios y estos esfuerzos, no les falta nada. En fin, gracias a mis interminables horas de trabajo, ni a ellos ni a mi dulce esposa les faltaba nada, nada. Hace 18 años Jesucristo me regalo la salvación de de mi alma, solo confesando su nombre y vivir apartado de toda iniquidad, pero que mas podría pedir al creador del cielo y la tierra hoy día de mi cumpleaños¿Qué pediría usted como deseo si hoy fuese su cumpleaños?. Yo podría  imaginarme su posible respuesta: dinero, amor, salud entre otras, lo cual le permitiría sentirse muy satisfecho. Es curioso que me lo pregunte.En realidad, si pidiera algo más de lo que ahora tengo, sería terriblemente egoísta. Yo he tenido de todo lo que un hombre necesita en esta vida, y mucho más. Viví y crecí con mis padres y hermanos, hace ya algunos años. Tanto mi padre como mi madre eran personas maravillosas que nos daban todo el amor que podían (y palo cuando era necesario), aún a pesar de nuestras limitaciones económicas. Cuando perdí a mi madre y a mi hermana mayor sufrí mucho, no se imagina cuánto. Pero entendí que hay otras personas que nunca, ni por un momento tuvieron el privilegio de conocer ese tipo de amor que yo recibí de mis padres y que yo les daba a ellos, y entonces me he sentido agradecido con la vida, el sufrimiento se desvaneció casi de inmediato, y me sentí mucho mejor”. Cuando era muy jovencito me enamoré perdidamente de una joven, con gran ternura y delicadeza. El amor que nos teníamos crecía por instantes. Un día su familia la envió  a vivir a otra ciudad y cuando ella se fue, mi corazón sufrió terriblemente. A veces recuerdo ese momento y pienso en todas esas personas que nunca han conocido ese amor tan limpio y tan exquisito, y no puedo menos que sentirme agradecido por haberlo conocido, y me siento mejor.” hubo veces que en invierno he sentido frío y, por supuesto, hambre. Entonces recuerdo la sabrosa comida que mi madre nos preparaba, muy “a lo pobre”, pero sabía tan deliciosa, porque nos la preparaba con todo su cariño, y recuerdo el calor de nuestra pequeña casita, y entonces me siento mejor, porque es un privilegio tener comida y un hogar calientito, cuando hay tantos que nunca lo han tenido y tal vez nunca lo tendrán. A veces las persona regalan cosas que no usan o porque le sobra. Y lo agradezco, siempre aconsejo buscar a alguien para compartir aunque sea un pedazo de pan, porque, es un placer compartir lo que se tiene con quien lo necesita, pero tu bendición estará siempre en dar de lo que tienes, y no de lo que te sobra o de lo que ya no te es útil. El compartir es algo más grande de lo que yo pueda describir, y créame, hay tanta gente que aunque tengan muchas cosas, nunca han conocido ese enorme placer que dar.” Así que, mi querido amigo, ¿qué más podría pedirle yo a la vida si ya lo he tenido todo? Y soy muy consciente de ello, porque cuando me acuerdo, hasta se me pone la carne de gallina, y créame que me sucede muy seguido. Puedo ver la vida, toda, desde lo más simple, como aquellas aves que revoletean en los aires…¿Qué necesitan ellas? Lo mismo que yo: ¡Nada!  Ellas y yo estamos muy agradecidos de Dios porque nos ha regalado la vida y nos permite disfrutarla, y yo sé que muy pronto usted también lo estará. Cuando estoy más que saciado, mis ojos se cierran y mi corazón se endurece, al mayor grado de consumo riqueza y bienestar, yo muero como hombre carnal y mi Espiritualidad sale a flote cada día para vivir en el calzado de los demás. Antes de juzgarme, júzgate a ti mismo porque tal vez seas tú el causante de mis acciones y las de tu prójimo. Alguien dijo una vez: Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros. El cobarde muere muchas veces. El valiente sólo una. El hombre es el único organismo capaz de razonar, pero es el que actúa más por instinto que por razón, además Trascender es ir más allá de los hechos hasta lograr cierto tipo de equilibrio, también dijo alguien por allí: Cumplamos la tarea de vivir de tal modo que cuando muramos, incluso el de la funeraria lo sienta. Créalo, para hacernos amar no debemos preguntar nunca a quien nos ama: ¿Eres feliz?, sino decirle siempre: ¡Qué feliz soy!     antoniomaceaz@hotmail.com

sábado, 22 de marzo de 2014




 

Cultivando El Hábito De La Verdad!

  POR: Antonio Macea.
Ten mucho cuidado con las palabras que usas. Ellas tienen un poder enorme, pueden sanar o herir a personas de nuestro alrededor. Las palabras que decimos es el reflejo de nuestro interior. El uso de expresiones agresivas, al igual que los malos pensamientos es sumamente peligroso y arriesgado, anula nuestra vida encerrándonos en un círculo de fracaso y frustración que es acrecentado a través del trato despectivo hacia un sector de la sociedad. Si crees que la palabra pobre cultiva tu vanidad es mejor que te refieras a ellos como “los más necesitados”, y en este reciclaje del lenguaje puedes referirte a los presos como a “los que están siendo educados” o a nuestros enemigos como “aquellos que aún no nos aman” o a los malvados como “los que aún no son buenos”. En la vida todo es una cuestión de actitud y decisión. Cuando acudimos a una entrevista de trabajo o a una cita amorosa y nuestra mente está cargada de miedos e incertidumbre, tenemos que darnos cuenta que este miedo al rechazo está creando en nosotros la situación favorable para que nos digan ¡no! En cambio si mantenemos una actitud positiva y esperanzadora tenemos mas posibilidades de que nos digan ¡sí! Nuestra propia desconfianza inspira suspicacia en los demás. Nuestra seguridad despierta y transmite firmeza en los demás. Más allá del significado de las palabras encontramos otro nivel mucho más abstracto, pero no por ello menos poderoso. Las palabras son el medio de manifestación de nuestro espíritu. Cada palabra es una oportunidad de expresión de nuestro espíritu y es por ello que tenemos ser capaces de transmitir en nuestro lenguaje la fuerza de nuestro espíritu. No se si habréis observado que algunas personas tienen un lenguaje muerto, hablan pero lo que dicen no expresa ningún poder, son locuaces pero no transmiten nada. Cuando hablamos demasiado, o cuando exageramos o falseamos los hechos, nuestras palabras se vuelven inefectivas. Nuestras palabras precisan expresar no solamente la verdad, sino también la propia comprensión y realización. “El mal es lo que sale de la boca del hombre” al leer en esta frase del evangelio, podemos percibir una clara advertencia sobre el cuidado de las palabras que usamos, no por una cuestión de formalidad o educación, sino como una finalidad terapéutica. Las palabras insultantes o despectivas nunca han creado un futuro mejor. Si queremos experimentar el poder de nuestras palabras, si deseamos que nuestro lenguaje transmita la fuerza curativa del espíritu, si anhelamos que nuestras palabras sean elemento de paz, sosiego y curación hacia las personas, es preciso comenzar haciendo que nuestras palabras sean fidedignas, y ello sólo se consigue cultivando el hábito de la verdad. Di siempre la verdad, lo antes que te sea posible. Manifestar siempre la verdad nos adentra en el mundo de la firmeza y la seguridad en nosotros mismos. Nos trasmite una confianza que vivir en la mentira nunca consigue. Las mentiras siempre terminan arruinando nuestra vida; nos encadenan puesto que una mentira siempre acaba precisando de otra mentira para sostenerse, debilitando así nuestro poder interior. Cuando nuestra mente se instala en la verdad, nuestra mente se llena de firmeza, seguridad, confianza y son estas cualidades las que impregnan nuestras palabras transformándolas en elementos de curación. Muchas enfermedades son únicamente el producto de nuestros pensamientos desequilibrados. La violencia, las mentiras, el resentimiento y tantas otras cosas existen y conviven con nosotros en este mundo, vivimos en un medio contaminado en donde es fácil contagiarse, más aún cuando percibimos que somos nosotros, los seres humanos, la fuente de la que emanan dichas formas. Ante ello tenemos que cultivar cualidades de amor, verdad y gratitud, creando un sólido mundo interior, en donde la creatividad y la verdad brillen; para luego extender este mundo interior a las personas de nuestro alrededor. Las palabras son la manifestación de nuestro mundo interior, al cuidar de nuestro lenguaje purificamos nuestro mundo interior. Al cultivar el hábito de la verdad construimos una plataforma de determinación, seguridad y confianza que nos abre las puertas del bienestar y la consecución de nuestros objetivos. Recuerda que la vida siempre ayuda a quienes se ayudan a sí mismos. Crea un poderoso mundo interior, permite que tus palabras sean su vehículo y transformaras tu vida. Si dices que estas luchando para prosperar o que no tienes suerte en la vida, detente un instante y percibe lo que realmente estas diciendo. Las palabras tienen mucha fuerza, con ellas podemos destruir lo que hemos tardado tanto tiempo en construir. Cuantas veces una palabra fuera de lugar es capaz de arruinar un proyecto largamente ansiado, cuantas veces una palabra de estimulo tiene el poder de regenerarnos y aportarnos paz. Para prosperar en la vida no precisas luchar, sino consagrarte en cuerpo y alma en esa misión. Si constantemente te repites que no tienes suerte en la vida, luego no te lamentes si sientes que la fortuna nunca llama a tu puerta. Nuestros pensamientos y las palabras que son su manifestación tienen el poder de construir nuestro futuro.

Nota: Extractos de. Frederig Solergibert.

sábado, 25 de enero de 2014


       POR: Antonio Macea
                                 Nuestro Pronto Auxilio...
 
El Espíritu Santo. Parte I
 
En definitiva, hermanos, Dios no es como nosotros, él es absolutamente santo, y su santidad, en primer lugar nos asegura que podemos confiar en él, y en las circunstancias que él permite en nuestra vida. Buscar para nosotros algo distinto, escoger para nuestra vida otra cosa que no sea la voluntad de Dios, es peor que negarle, es decirle que no es santo. En segundo lugar, aunque nuestra motivación principal a la santidad es, desde luego, el amor de Dios, su obra en nosotros, el agradecimiento que sentimos, la esperanza firme y cierta de la vida eterna, de las promesas del mundo venidero, del nuevo cuerpo que nos espera en unos nuevos cielos y una nueva tierra, del hecho de saber que mucho mayor gozo, paz, felicidad en cumplir la voluntad de Dios que en cualquier cosa que pueda ofrecer el pecado, no es menos bíblico motivarnos a la santidad meditando en el profundo aborrecimiento que le causa a Dios nuestro pecado. De una profundidad proporcional a su propia santidad, es decir, Siendo infinitamente santo, nuestro pecado le causa un aborrecimiento infinito. Examinemos entonces nuestras vidas y veamos en qué áreas de nuestra vida nos hemos acostumbrado a vivir con el pecado. Qué cosas son aquellas que estamos haciendo o dejando de hacer, aunque sabemos que no se ajustan a la voluntad de Dios. Cuáles son las excusas que estamos utilizando para seguir desobedeciendo, para decirnos a nosotros mismos que no tenemos otro remedio, o tiempo, o fuerzas, o posibilidad. ¿Acaso pensamos que Dios se conformará en coexistir pacíficamente con nuestra falta de obediencia, como si no le importara el pecado? ¿Hemos olvidado pensar en qué consiste su santidad? ¿Pensáis que podéis seguir año tras año escuchando en las Escrituras a Jesús llamaros a una vida santa, de auto negación, de renuncia, de tomar vuestra cruz, por amor al reino de Dios y por alcanzar un gozo muy superior, y no hacer nada, y no entregarle vuestras vidas, y seguir reservándoos para vosotros áreas de vuestro tiempo, áreas de comodidad, áreas de alejamiento de su voluntad sin que pase nada? Pensáis que vuestras vidas son todo lo que Dios querría de vosotros, pensáis que esta iglesia es todo lo que Dios quiere que sea una iglesia, y pensáis que Dios se conformará con algo menos de lo que es perfectamente bueno y santo. No sin dejar de ser santo él mismo. No os engañéis. La santidad de Dios no va a dejar de aborrecer el pecado en nosotros sólo porque nosotros nos hayamos acostumbrado a él. Debemos tomarnos en serio el estándar de la santidad de Dios si queremos ser auténticos discípulos de Cristo. Recordad, los que resguardan su vida en vez de entregarla a Dios, la desperdician. Los que pierden su vida por causa del reino, en realidad encuentran una vida mucho más plena, gozosa y satisfactoria, con pruebas, y esfuerzo y sacrificio, en obediencia, pero con una paz de espíritu y un gozo inefable que sólo tienen aquellos que andan en íntima comunión con un Dios santo. Si en verdad queremos madurar espiritualmente debemos acudir al Espíritu Santo. La presencia del Espíritu Santo en nosotros es esencial para nuestra transformación interior, y nunca desarrollaremos un carácter y un comportamiento que le agrade a Dios sin Él. En vez de comenzar un programa de autoayuda, ¿por qué mejor no tratar de descubrir el propósito que tuvo Dios para usted cuando le creó? Puede tener la seguridad de que el Espíritu Santo estará a su lado para ayudarle en esa transformación. Pero recuerde que Él no le obligará a cambiar. La única manera que usted tiene de experimentar todo su potencial en Cristo, es cooperando con el Espíritu. Permita que el Espíritu le guíe Si usted quiere llegar a ser todo lo que Dios quiso que fuera, debe comenzar con renunciar a sí mismo. Fue por eso que el Señor Jesús dijo: “Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará” (Lc 17.33). No es posible ser un discípulo de Cristo, y mantener el control. Nuestro potencial se descubre solamente cuando permitimos que el Espíritu Santo tome el control absoluto de nuestra vida. Debido a que hay una batalla continua dentro de cada cristiano, el Espíritu Santo quiere llevarnos a la obediencia a Dios, pero nuestra carne desea hacer su propia voluntad (Gá 5.17). Satanás trata de convencernos de que la libertad se logra haciendo lo que queremos, pero, en realidad, esto termina esclavizándonos. Dios promete que si le permitimos al Espíritu Santo que señale el camino, dejaremos de desear lo malo (Gá 5.16). Tome la decisión de dejar que el Señor le dirija, y rinda el control de su vida a su autoridad. Con el tiempo, notará que el poder de Dios aumentará en usted y que su carne se volverá menos dominante. En vez de insistir en sus derechos, prestará atención a la dirección del Espíritu y buscará la voluntad de Dios. No se trata de una vida de perfección, sino de una vida inclinada a la obediencia. Todos tropezamos, pero cuando somos llenos del Espíritu, nos apresuramos a confesar nuestra falta y a apartarnos de nuestro pecado. Confíe en el Espíritu Santo. Cuando usted se levanta en la mañana, ¿piensa en el Espíritu Santo antes de iniciar su rutina diaria? ¿Toma la decisión consciente de depender de Él para que le prepare para todo lo que le espera? La razón por la que muchos cristianos se sienten derrotados, es porque no entienden lo que el Espíritu Santo ha venido a hacer en y por medio de ellos. Recuerde que Dios desea ver en usted el fruto que produce el Espíritu, no los logros que son producto de su autosuficiencia. Los seres humanos somos capaces de hacer cosas admirables. Podemos predicar sermones, dar de comer a los pobres y ayudar a quienes sufren, utilizando nuestras propias fuerzas. De hecho, iglesias completas pueden funcionar sin ninguna ayuda del Espíritu, y eso no es lo que el Señor quiere. El trabajo que Dios tiene para nosotros es sobrenatural y requiere poder sobrenatural para llevarlo a cabo. Ninguno de nosotros es competente para la tarea, sin el poder que nos da el Espíritu Santo trabajando por medio de nosotros. De hecho, los discípulos de Cristo no estuvieron listos para el trabajo de esparcir el evangelio hasta que el Espíritu Santo descendió sobre ellos en Pentecostés (Lc 24.49). No piense en ningún momento que este principio es solo para los líderes de la iglesia. Todos necesitamos del poder del Espíritu Santo en cada aspecto de la vida. Cualquiera puede vivir una “vida normal”, pero el Señor nos llama a vivir de una manera sobrenatural, de tal manera que mostremos su carácter en todo lo que hagamos. Sin el poder divino, ¿cómo se puede llegar a ser un buen padre o una buena esposa, cómo se puede perdonar, soportar sufrimiento, o ser un buen ejemplo de Cristo en el trabajo? El fruto del Espíritu no se logra con el esfuerzo propio (Gá 5.22, 23). La única manera de vivir en santidad, es mediante el poder del Espíritu Santo………………1 Juan 2:4-6, 4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
 
Ministerio Internacional De Oración Restauración Ministración Adoración Y Alabanzas “Dios Quiere Bendecirte”. Queremos orar por tu matrimonio, hijos, familia, salud, trabajo, amigos, entre otros, además si lo deseas visitarte en tu casa solo llama al 04244016913-04266429167 .En la web.tierraquefluyelecheymiel.blogspot.com/

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lunes, 29 de julio de 2013


POR: Antonio Macea

SOPORTANDO LA PRUEBA. PARTE III

Decía en el escrito anterior que es sumamente importante saber que “Los cimientos son esenciales para que una estructura pueda soportar varios pisos. En caso de que la cimentación sea débil, inevitablemente se producirá un colapso y el edificio se vendrá a tierra”. Con estas palabras como constructor que soy, sustentó la importancia de tener una base sólida en toda construcción. Igual ocurre con nuestra vida. A menos que haya un buen basamento, experimentaremos trastornos que serán evidentes a todos. Enfrentaremos dolor y lo provocaremos en los demás. Considero que se trata de una ilustración que grafica dos elementos sobre los que debemos trabajar como preámbulo a una Consejería eficaz, oportuna y bíblica: la Personalidad y la Conducta. Para quien estudio psicología o quizá recibió asignaturas afines durante su formación académica en el Seminario o en el Instituto Bíblico, es fácil comprender de qué se trata; sin embargo, como aspiramos tornar muy sencilla la enseñanza de tal manera que además de asequible a todo Pastor, Obrero o Líder que trabaja en la obra de Jesucristo, sea muy práctica, debemos comenzar por definir estos dos grandes conceptos de manera que los podamos comprender y asimilar con facilidad.  Latinoamérica se vio sacudida hace algún tiempo con la noticia sobre un hombre que, comenzando la mañana y frente a su negocio de ferretería en una plaza de mercado, procedió a agredir con un destornillador a los transeúntes. No había razón aparente para su comportamiento. Las autoridades reaccionaron con rapidez. Pese a ello no fue fácil detenerlo, es más, era literalmente imposible. Seguía lanzando ataques con aquella herramienta. Los intentos de un agente del orden por detenerlo degeneraron en una gresca hasta que un disparo zanjó las diferencias. El hombre murió. Su tragedia había comenzado dos horas atrás. Apenas se sentó a beberse un café en el desayuno, la esposa le recordó que debían tres meses de renta, a los hijos les habían devuelto dos veces de la escuela por estar atrasados en el pago de la colegiatura y, además, aquél día no tenían nada para el almuerzo.“¿Qué hago, mujer, si el negocio cada día va peor?”, gritó ofuscado al tiempo que echaba por el suelo el pocillo con café. Salió dando tremendo portazo. Estaba angustiado. La más mínima provocación desencadenó su ira irracional. Alguien que presenció la escena resumió el asunto al decir: “A este pobre hombre lo mató la desesperación”. Tenía razón. Estaba atravesando por un mal momento que se dimensionó como producto de problemas en su personalidad. Un hombre de la antigüedad a quien se consideraba ejemplo, delante de Dios y de los hombres, la esencia misma de la rectitud, se encontró en un abrir y cerrar de ojos en una penosa situación: perdió sus posesiones, en un absurdo accidente murieron sus hijos y para coronar la sucesión de incidentes trágicos, evidenció una enfermedad que no podían controlar los médicos de la época. Fue una presión externa enorme que golpeó su vida y, por ende, su personalidad. Presa de la desesperanza escribió: “Perezca el día en que yo nací, y la noche que dijo: “Un varón ha sido concebido”. ¿Por qué no morí yo al nacer, o expiré al salir del vientre? Porque ahora yo yacería tranquilo; dormiría, y entonces tendría descanso...¿Por qué se da luz al que sufre, y vida al amargado de alma; a los que ansían la muerte, pero no llega, y cavan por ella más que por tesoros; que se alegran sobremanera, y se regocijan cuando encuentran el sepulcro? Porque al ver mi alimento salen mis gemidos, y mis clamores se derraman como agua. Pues lo que temo viene sobre mí, y lo que me aterroriza me sucede. No tengo reposo ni estoy tranquilo, no descanso, sino que me viene tribulación” (Job 3:1, 11,20, 21, 24-26. La Biblia de las Américas). ¿Le resultan familiares estas reacciones? ¿Acaso ha tenido la oportunidad de apreciar actitudes así en amigos, familiares o tal vez en su propio ser? Si es así –como no dudo que haya ocurrido—hay problemas de personalidad tras los comportamientos errados descritos. Ese es el punto clave al que debe dirigirse el Consejero Cristiano. Ahora, para alcanzar mayor eficacia en la tarea, tanto de análisis como de acompañamiento con una orientación fundamentada en las Escritura, es necesario que definamos qué es la Personalidad. La forma más sencilla de describir la personalidad es precisando que se trata del conjunto total de nuestras facultades físicas, mentales y emocionales, que a lo largo de la vida de cada ser han sido construidas a partir de vivencias, experiencias y aprendizajes tanto favorables como desfavorables, positivos y negativos. Estos rasgos nos tornan distintos de las demás personas. Son algo único en cada hombre y mujer, porque igual, cada uno de nosotros es un mundo diferente. Sobre esa base, es natural que las reacciones difieran en las personas cuando reciben un estímulo igual. Por ejemplo: a Job, el personaje bíblico, le avisaron que había perdido sus propiedades y más aún: sus hijos. Se pronunció con calma ante quienes trajeron las malas noticias: “Desnudo  salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor” (Job 1:22. La Biblia de las Américas). Moisés, el profeta que guiado por Dios sacó a Israel de la esclavitud egipcia, también experimentó una situación delicada. Caminando  en el desierto  habían llegado a un lugar entre Elim y Sinaí. Tenían hambre y fatiga. “Y toda la congregación de los hijos de Israel, murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto.” Los dos siervos de Dios se llenaron de angustia. ¡Era toda una nación en su contra! Fueron al Señor en procura de ayuda. La calma retornó cuando Él se pronunció: “Entonces el Señor le dijo a Moisés: he aquí, haré llover pan del cielo para vosotros, y el pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día, para ponerlos a prueba si andan o no en mi ley” (Éxodo 16:2, 4. La Biblia de las Américas). Como podrá apreciar, mientras que Job guardó la calma y recurrió a Dios cuando las circunstancias se hicieron cada vez más difíciles y minaron su confianza en el poder divino, en Moisés la reacción fue opuesta: inmediatamente buscó al Supremo Hacedor porque en ocasiones, fácilmente sucumbía a las presiones.                                                       Nota algunos extractos de Consejería Pastoral de Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

POR: Antonio Macea
             SOPORTANDO LA PRUEBA. PARTE II
Decía en el escrito anterior que: El propósito de Dios para el hombre es una vida plena, el Señor Jesús dijo: “El ladrón solamente viene para robar, matar y destruir. Yo vine para que la gente tengan vida y la tengan en abundancia”. Nuestro amado Padre definió las características genéticas, el aspecto físico, las emociones y los rasgos básicos del carácter y la personalidad. ¿Quién podría obrar mejor un cambio en nosotros que Dios quien nos creó? Cuando se produce tal transformación, es como si cayera el velo que nos impedía reconocer cuál es el propósito que tiene para nosotros. En el proceso de trato del Señor con cada uno, llegamos a aceptarnos tal como somos y emprendemos la tarea de crecer en todos los órdenes; por supuesto, tal crecimiento implica aplicar ajustes donde hay fallas. ¿Cuánto demoran los cambios que tanto anhelamos? No hay un parámetro para determinar que será cuestión de días, meses o de años. En esencia es un proceso y debemos entenderlo como tal, de acuerdo como lo describe el apóstol Pablo al referirse a los cambios que podían apreciarse en sus pensamientos y acciones: cito lo que decía el Apóstol pablo en una de sus espítalas a los Filipenses “Con eso no quiero decir que yo haya logrado hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero si puedo decir que sigo adelante luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que falta por recorrer” (Filipenses 3:12, 13.). Ahora bien, ¿Podríamos resumir en tres puntos lo que anotaba Pablo? Por supuesto que sí. De su escrito aprendemos: 1.- Que la transformación y crecimiento personal y espiritual constituyen un proceso en la vida de todo cristiano. 2.- Que es necesario olvidar el pasado y no vivir atormentados por lo que hicimos o nos hicieron ayer. Por mucho que nos esforcemos, no volveremos atrás en el tiempo. 3.-Que es esencial seguir adelante bajo un convencimiento: siempre hay una nueva oportunidad para aprovecharla. Hay aspectos que se forjaron en nosotros al interior de la familia que difícilmente podrán ser modificados (a menos que lo haga Dios, por supuesto). Vienen a ser como una impronta. De ahí que muchos descubran en usted y en mí rasgos que identificaban a nuestros padres, quizá a los tíos e incluso, a los abuelos. ¿Quién sana esos recuerdos? El Señor Jesucristo durante el proceso de transformación que desarrolla en nuestras vidas. Insisto en algo: es necesario recordar que no podemos cambiar a los demás como tampoco ellos nos pueden cambiar a nosotros. Quien lo hace es Dios. Cuando tenemos claro este principio, es fácil comprender las etapas por las que atravesamos cuando estamos dando pasos de significación en el proceso de transformación personal y espiritual: La primera es el idealismo. Es aquella en la que soñamos un mundo perfecto con personas perfectas. La segunda es la confrontación. Es la fase en la que descubrimos que hay una enorme brecha entre el mundo que nos imaginamos y el real. Quienes nos rodean actúan muy distinto de cómo quisiéramos. Una tercera etapa es la de ajustes, cuando entendemos que el cambio comienza primero con nosotros antes de que se produzca un cambio en nuestro prójimo. Una vez tenemos una buena relación con Dios y con nosotros mismos, pasamos a la fase de cimentar una buena relación con los demás. Dios instruyó a su pueblo desde la antigüedad al trazar pautas de vida en comunidad. Él dijo: “Recuerden que cada uno debe amar a su prójimo como se ama a si mismo” (Levítico 19:18, 19. TLA – SBU). Es evidente que si me acepto tal como soy consciente de mi necesidad de aplicar ajustes puedo aceptar a los demás. Si no tengo amor propio, tampoco podré amar a quienes me rodean. ¿Comprende ahora la importancia de haber edificado los dos primeros pisos? Una buena relación con Dios y consigo mismo, sienta las bases para que las relaciones interpersonales resulten exitosas. El apóstol escribió: “Amen a los demás con sinceridad. Rechacen todo lo que sea malo, y no se aparten de lo que sea bueno. Ámense unos a otros como hermanos, y respétense siempre. No maldigan a sus perseguidores; más bien, pídanle a Dios que los bendiga. Vivan siempre en armonía. No se crean más inteligentes que los demás. Si alguien los trata mal, no le paguen con la misma moneda. Al contrario, busquen hacerles el bien a todos. Hagan todo lo posible por vivir en paz con todo el mundo” (Romanos 12:9, 10, 14, 16-18. TLA – SBU).  Sobre la base de las pautas bíblicas, aprendemos varios aspectos primordiales en el trato con los demás: Primero, amor sincero exento de fingimientos e hipocresía, segundo, desechar rencor, resentimiento y todo aquello que pueda levantarse como un muro que interfiera la relación con el prójimo, tercero, el respeto a la dignidad del otro, cuarto, no pagar con la misma moneda sino, con amor y gracias a la ayuda divina, orar por quienes nos hacen daño y en lo posible, ayudarles, quinto, poner de nuestra parte para que el trato interpersonal resulte edificante. Por supuesto,  hay situaciones en las que resulta literalmente imposible cualquier tipo de acercamiento. Existen personas intolerantes. Es algo que no vamos a cambiar de la noche a la mañana. En tal caso, es Dios y en oración, quien nos concede la salida. Por eso es sumamente importante saber que “Los cimientos son esenciales para que una estructura pueda soportar varios pisos. En caso de que la cimentación sea débil, inevitablemente se producirá un colapso y el edificio se vendrá a tierra”. Con estas palabras como constructor que soy, sustentó la importancia de tener una base sólida en toda construcción. Igual ocurre con nuestra vida. A menos que haya un buen basamento, experimentaremos trastornos que serán evidentes a todos. Enfrentaremos dolor y lo provocaremos en los demás.                           Nota algunos extractos de Consejería Pastoral de Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

POR: Antonio Macea
                          SOPORTANDO LA PRUEBA. I

El propósito de Dios para el hombre: Una vida plena El Señor Jesús dijo: “El ladrón solamente viene para robar, matar y destruir. Yo vine para que la gente tenga vida y la tenga en abundancia” (Juan 10:10. Versión: Nuevo Testamento, la Palabra de Dios para todos). Pienso que si pudiera apilar el enorme volumen de correspondencia que llega a diario con problemas de diversa índole, la oficina que ocupo no podría contener tantos documentos. Los corresponsales son hombres y mujeres sinceros, cuyo principal propósito es vivir a Jesucristo en el día a día pero encuentran dificultades para aceptar, asimilar y llevar a la práctica su nueva condición de hijos de Dios  nacidos de nuevo. Por supuesto, nada reemplaza el contacto cara a cara, pero curiosamente el que las personas puedan contar sus dificultades al amparo del relativo anonimato que ofrece un correo electrónico, abre las puertas para que haya franqueza y confianza al volcar sus sentimientos. La principal dificultad estriba en que no podemos hacer un seguimiento a cada caso como quisiéramos, porque muchas veces al intentar restablecer el contacto para conocer cómo evolucionan las cosas, los correos simplemente se pierden en ese lugar indeterminado del Internet a donde van a parar los mensajes que nadie quiere o considera conveniente responder. En mi caso no es asi, siempre saco tiempo para leerlos, oro por cada necesidad o problema planteado, pero lo esencial seria hacerles una visita programada para estrechar o solidificar una confianza que nos permita llegar al fin deseado. Sin embargo existe una interrogante siempre convergía en un solo punto: ¿Cómo hacerlo de una manera sencilla, sujeta a los principios bíblicos y que además, se manifestaran eficazmente mediante un adecuado acompañamiento con orientaciones oportunas? No podemos desconocer la enorme responsabilidad que nos asiste de atender lo que consideramos es un requerimiento a todo líder, consejero o pastor. Ahora bien cuando Dios da vida al género humano, lo puso en un Jardín preparado con antelación para que pudiera disfrutar de todo aquello que había ocupado sus primeros días de creación. Imagine a un padre amoroso que construye una casa para su hijo, la provee de todo lo necesario y cuando considera que todo está a punto, le entrega las llaves. ¡Eso fue lo que hizo el Señor con nosotros! ¿De dónde provienen entonces las situaciones traumáticas que afloran en decenas de personas trayendo amargura a su existencia? Del pecado. Cuando vamos en contravía de los propósitos del Creador para nosotros, asumimos las consecuencias. Pero hay una buena noticia: el Señor Jesús mediante su muerte en la cruz eliminó la brecha que nos separaba de Dios y ahora podemos disfrutar de la plenitud de vida que tenía planeada desde un comienzo para usted y para mí. “Por eso el sacrificio del cuerpo de Cristo nos hace sanos porque él hizo lo que Dios quería al sacrificarse una sola vez y para siempre. Nos ha limpiado y liberado de toda culpa, y ahora nuestro cuerpo está lavado con agua pura...“(Hebreos 10:10, 22. Versión: Nuevo Testamento, la Palabra de Dios para todos) ¿Hay razón para que continuemos en tal condición de tristeza, amargura y desesperanza no solo en el presente sino hacia el futuro porque todavía nos gobiernan los recuerdos y sensación de culpa de cuanto hicimos en el pasado? En absoluto. Fuimos lavados y cada día es un nuevo capítulo por escribir. Todo ser humano tiene un área espiritual, lo reconozca o no, que le abre las puertas para relacionarse con Dios o como le llaman algunos, con un Ser Superior. Esta área es de suma importancia. Sin embargo no estará en pleno desarrollo hasta tanto restablezcamos la relación con Aquél que creó todas las cosas, incluso a usted o a mi. ¿Qué nos separó del Señor? El pecado de Adán y Eva que sembraron en todas las generaciones desde entonces hasta la nuestra, una naturaleza pecaminosa siempre latente. Construir un puente que nos acercara al Padre fue posible por la obra del Señor Jesucristo. Aún así, hay quienes no conocen ese proceso maravilloso de liberación del pecado que se produjo en el Monte Calvario y siguen distanciados del Creador. Para eliminar esa brecha, Jesucristo nos llama a todos. Él dijo: “Yo estoy a la puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa, y cenaré contigo” (Apocalipsis 3:20 La obra ya se hizo en la cruz. Somos libres. Sin embargo tal libertad no será posible hasta tanto la comprendamos, asumamos y pongamos en práctica para dar paso a una naturaleza renovada. ¿Cómo lograrlo? Derribando los muros que nos mantienen alejados de Dios. Y, ¿cómo nos acercamos a Él? Por medio del Señor Jesucristo. “Jesús le respondió (a Tomás) Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin mi, nadie puede llegar a Dios el Padre” (Juan 14:6. ¿Desea ser un Consejero Cristiano? Primero, restablezca su contacto con Dios. ¿La razón? Hay decenas de personas que hablan de Dios, aconsejan asegurando que lo hacen sobre la base de pautas bíblicas y posan de ser cristianos, pero todavía no conocen a Dios. No han tenido un encuentro personal con Él, que es posible a través del Señor Jesucristo. Somos criaturas de Dios y Él nos ama, a pesar de nuestras fallas. Obviamente su propósito desde la eternidad para nosotros es que crezcamos en los niveles espiritual y personal. ¿En nuestras fuerzas? No, en las que provienen de Dios.  Un hombre de la antigüedad quien comprendió que los planes del Señor para él eran fabulosos, escribió: “Soy una creación maravillosa y por eso te doy gracias. Todo lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien seguro! Tu viste cuando mi cuerpo fue cobrando forma en las profundidades de la tierra; ¡aún no había vivido un solo día, cuando tú ya habías decidido cuanto tiempo viviría! ¡Lo habías anotado en tu libro!” (Salmo 139:14-16 TLA – SBU). Nuestro amado Padre definió las características genéticas, el aspecto físico, las emociones y los rasgos básicos del carácter y la personalidad. ¿Quién podría obrar mejor un cambio en nosotros que Dios quien nos creó? Cuando se produce tal transformación, es como si cayera el velo que nos impedía reconocer cuál es el propósito que tiene para nosotros. En el proceso de trato del Señor con cada uno, llegamos a aceptarnos tal como somos y emprendemos la tarea de crecer en todos los órdenes; por supuesto, tal crecimiento implica aplicar ajustes donde hay fallas. ¿Cuánto demoran los cambios que tanto anhelamos? No hay un parámetro para determinar que será cuestión de días, meses o de años. En esencia es un proceso y debemos entenderlo como tal, de acuerdo como lo describe el apóstol Pablo al referirse a los cambios que podían apreciarse en sus pensamientos y acciones: “Con eso no quiero decir que yo haya logrado hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero si puedo decir que sigo adelante luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que falta por recorrer” (Filipenses 3:12, 13.)