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SAN CARLOS, COJEDES, Venezuela
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sábado, 22 de marzo de 2014




 

Cultivando El Hábito De La Verdad!

  POR: Antonio Macea.
Ten mucho cuidado con las palabras que usas. Ellas tienen un poder enorme, pueden sanar o herir a personas de nuestro alrededor. Las palabras que decimos es el reflejo de nuestro interior. El uso de expresiones agresivas, al igual que los malos pensamientos es sumamente peligroso y arriesgado, anula nuestra vida encerrándonos en un círculo de fracaso y frustración que es acrecentado a través del trato despectivo hacia un sector de la sociedad. Si crees que la palabra pobre cultiva tu vanidad es mejor que te refieras a ellos como “los más necesitados”, y en este reciclaje del lenguaje puedes referirte a los presos como a “los que están siendo educados” o a nuestros enemigos como “aquellos que aún no nos aman” o a los malvados como “los que aún no son buenos”. En la vida todo es una cuestión de actitud y decisión. Cuando acudimos a una entrevista de trabajo o a una cita amorosa y nuestra mente está cargada de miedos e incertidumbre, tenemos que darnos cuenta que este miedo al rechazo está creando en nosotros la situación favorable para que nos digan ¡no! En cambio si mantenemos una actitud positiva y esperanzadora tenemos mas posibilidades de que nos digan ¡sí! Nuestra propia desconfianza inspira suspicacia en los demás. Nuestra seguridad despierta y transmite firmeza en los demás. Más allá del significado de las palabras encontramos otro nivel mucho más abstracto, pero no por ello menos poderoso. Las palabras son el medio de manifestación de nuestro espíritu. Cada palabra es una oportunidad de expresión de nuestro espíritu y es por ello que tenemos ser capaces de transmitir en nuestro lenguaje la fuerza de nuestro espíritu. No se si habréis observado que algunas personas tienen un lenguaje muerto, hablan pero lo que dicen no expresa ningún poder, son locuaces pero no transmiten nada. Cuando hablamos demasiado, o cuando exageramos o falseamos los hechos, nuestras palabras se vuelven inefectivas. Nuestras palabras precisan expresar no solamente la verdad, sino también la propia comprensión y realización. “El mal es lo que sale de la boca del hombre” al leer en esta frase del evangelio, podemos percibir una clara advertencia sobre el cuidado de las palabras que usamos, no por una cuestión de formalidad o educación, sino como una finalidad terapéutica. Las palabras insultantes o despectivas nunca han creado un futuro mejor. Si queremos experimentar el poder de nuestras palabras, si deseamos que nuestro lenguaje transmita la fuerza curativa del espíritu, si anhelamos que nuestras palabras sean elemento de paz, sosiego y curación hacia las personas, es preciso comenzar haciendo que nuestras palabras sean fidedignas, y ello sólo se consigue cultivando el hábito de la verdad. Di siempre la verdad, lo antes que te sea posible. Manifestar siempre la verdad nos adentra en el mundo de la firmeza y la seguridad en nosotros mismos. Nos trasmite una confianza que vivir en la mentira nunca consigue. Las mentiras siempre terminan arruinando nuestra vida; nos encadenan puesto que una mentira siempre acaba precisando de otra mentira para sostenerse, debilitando así nuestro poder interior. Cuando nuestra mente se instala en la verdad, nuestra mente se llena de firmeza, seguridad, confianza y son estas cualidades las que impregnan nuestras palabras transformándolas en elementos de curación. Muchas enfermedades son únicamente el producto de nuestros pensamientos desequilibrados. La violencia, las mentiras, el resentimiento y tantas otras cosas existen y conviven con nosotros en este mundo, vivimos en un medio contaminado en donde es fácil contagiarse, más aún cuando percibimos que somos nosotros, los seres humanos, la fuente de la que emanan dichas formas. Ante ello tenemos que cultivar cualidades de amor, verdad y gratitud, creando un sólido mundo interior, en donde la creatividad y la verdad brillen; para luego extender este mundo interior a las personas de nuestro alrededor. Las palabras son la manifestación de nuestro mundo interior, al cuidar de nuestro lenguaje purificamos nuestro mundo interior. Al cultivar el hábito de la verdad construimos una plataforma de determinación, seguridad y confianza que nos abre las puertas del bienestar y la consecución de nuestros objetivos. Recuerda que la vida siempre ayuda a quienes se ayudan a sí mismos. Crea un poderoso mundo interior, permite que tus palabras sean su vehículo y transformaras tu vida. Si dices que estas luchando para prosperar o que no tienes suerte en la vida, detente un instante y percibe lo que realmente estas diciendo. Las palabras tienen mucha fuerza, con ellas podemos destruir lo que hemos tardado tanto tiempo en construir. Cuantas veces una palabra fuera de lugar es capaz de arruinar un proyecto largamente ansiado, cuantas veces una palabra de estimulo tiene el poder de regenerarnos y aportarnos paz. Para prosperar en la vida no precisas luchar, sino consagrarte en cuerpo y alma en esa misión. Si constantemente te repites que no tienes suerte en la vida, luego no te lamentes si sientes que la fortuna nunca llama a tu puerta. Nuestros pensamientos y las palabras que son su manifestación tienen el poder de construir nuestro futuro.

Nota: Extractos de. Frederig Solergibert.

sábado, 25 de enero de 2014


       POR: Antonio Macea
                                 Nuestro Pronto Auxilio...
 
El Espíritu Santo. Parte I
 
En definitiva, hermanos, Dios no es como nosotros, él es absolutamente santo, y su santidad, en primer lugar nos asegura que podemos confiar en él, y en las circunstancias que él permite en nuestra vida. Buscar para nosotros algo distinto, escoger para nuestra vida otra cosa que no sea la voluntad de Dios, es peor que negarle, es decirle que no es santo. En segundo lugar, aunque nuestra motivación principal a la santidad es, desde luego, el amor de Dios, su obra en nosotros, el agradecimiento que sentimos, la esperanza firme y cierta de la vida eterna, de las promesas del mundo venidero, del nuevo cuerpo que nos espera en unos nuevos cielos y una nueva tierra, del hecho de saber que mucho mayor gozo, paz, felicidad en cumplir la voluntad de Dios que en cualquier cosa que pueda ofrecer el pecado, no es menos bíblico motivarnos a la santidad meditando en el profundo aborrecimiento que le causa a Dios nuestro pecado. De una profundidad proporcional a su propia santidad, es decir, Siendo infinitamente santo, nuestro pecado le causa un aborrecimiento infinito. Examinemos entonces nuestras vidas y veamos en qué áreas de nuestra vida nos hemos acostumbrado a vivir con el pecado. Qué cosas son aquellas que estamos haciendo o dejando de hacer, aunque sabemos que no se ajustan a la voluntad de Dios. Cuáles son las excusas que estamos utilizando para seguir desobedeciendo, para decirnos a nosotros mismos que no tenemos otro remedio, o tiempo, o fuerzas, o posibilidad. ¿Acaso pensamos que Dios se conformará en coexistir pacíficamente con nuestra falta de obediencia, como si no le importara el pecado? ¿Hemos olvidado pensar en qué consiste su santidad? ¿Pensáis que podéis seguir año tras año escuchando en las Escrituras a Jesús llamaros a una vida santa, de auto negación, de renuncia, de tomar vuestra cruz, por amor al reino de Dios y por alcanzar un gozo muy superior, y no hacer nada, y no entregarle vuestras vidas, y seguir reservándoos para vosotros áreas de vuestro tiempo, áreas de comodidad, áreas de alejamiento de su voluntad sin que pase nada? Pensáis que vuestras vidas son todo lo que Dios querría de vosotros, pensáis que esta iglesia es todo lo que Dios quiere que sea una iglesia, y pensáis que Dios se conformará con algo menos de lo que es perfectamente bueno y santo. No sin dejar de ser santo él mismo. No os engañéis. La santidad de Dios no va a dejar de aborrecer el pecado en nosotros sólo porque nosotros nos hayamos acostumbrado a él. Debemos tomarnos en serio el estándar de la santidad de Dios si queremos ser auténticos discípulos de Cristo. Recordad, los que resguardan su vida en vez de entregarla a Dios, la desperdician. Los que pierden su vida por causa del reino, en realidad encuentran una vida mucho más plena, gozosa y satisfactoria, con pruebas, y esfuerzo y sacrificio, en obediencia, pero con una paz de espíritu y un gozo inefable que sólo tienen aquellos que andan en íntima comunión con un Dios santo. Si en verdad queremos madurar espiritualmente debemos acudir al Espíritu Santo. La presencia del Espíritu Santo en nosotros es esencial para nuestra transformación interior, y nunca desarrollaremos un carácter y un comportamiento que le agrade a Dios sin Él. En vez de comenzar un programa de autoayuda, ¿por qué mejor no tratar de descubrir el propósito que tuvo Dios para usted cuando le creó? Puede tener la seguridad de que el Espíritu Santo estará a su lado para ayudarle en esa transformación. Pero recuerde que Él no le obligará a cambiar. La única manera que usted tiene de experimentar todo su potencial en Cristo, es cooperando con el Espíritu. Permita que el Espíritu le guíe Si usted quiere llegar a ser todo lo que Dios quiso que fuera, debe comenzar con renunciar a sí mismo. Fue por eso que el Señor Jesús dijo: “Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará” (Lc 17.33). No es posible ser un discípulo de Cristo, y mantener el control. Nuestro potencial se descubre solamente cuando permitimos que el Espíritu Santo tome el control absoluto de nuestra vida. Debido a que hay una batalla continua dentro de cada cristiano, el Espíritu Santo quiere llevarnos a la obediencia a Dios, pero nuestra carne desea hacer su propia voluntad (Gá 5.17). Satanás trata de convencernos de que la libertad se logra haciendo lo que queremos, pero, en realidad, esto termina esclavizándonos. Dios promete que si le permitimos al Espíritu Santo que señale el camino, dejaremos de desear lo malo (Gá 5.16). Tome la decisión de dejar que el Señor le dirija, y rinda el control de su vida a su autoridad. Con el tiempo, notará que el poder de Dios aumentará en usted y que su carne se volverá menos dominante. En vez de insistir en sus derechos, prestará atención a la dirección del Espíritu y buscará la voluntad de Dios. No se trata de una vida de perfección, sino de una vida inclinada a la obediencia. Todos tropezamos, pero cuando somos llenos del Espíritu, nos apresuramos a confesar nuestra falta y a apartarnos de nuestro pecado. Confíe en el Espíritu Santo. Cuando usted se levanta en la mañana, ¿piensa en el Espíritu Santo antes de iniciar su rutina diaria? ¿Toma la decisión consciente de depender de Él para que le prepare para todo lo que le espera? La razón por la que muchos cristianos se sienten derrotados, es porque no entienden lo que el Espíritu Santo ha venido a hacer en y por medio de ellos. Recuerde que Dios desea ver en usted el fruto que produce el Espíritu, no los logros que son producto de su autosuficiencia. Los seres humanos somos capaces de hacer cosas admirables. Podemos predicar sermones, dar de comer a los pobres y ayudar a quienes sufren, utilizando nuestras propias fuerzas. De hecho, iglesias completas pueden funcionar sin ninguna ayuda del Espíritu, y eso no es lo que el Señor quiere. El trabajo que Dios tiene para nosotros es sobrenatural y requiere poder sobrenatural para llevarlo a cabo. Ninguno de nosotros es competente para la tarea, sin el poder que nos da el Espíritu Santo trabajando por medio de nosotros. De hecho, los discípulos de Cristo no estuvieron listos para el trabajo de esparcir el evangelio hasta que el Espíritu Santo descendió sobre ellos en Pentecostés (Lc 24.49). No piense en ningún momento que este principio es solo para los líderes de la iglesia. Todos necesitamos del poder del Espíritu Santo en cada aspecto de la vida. Cualquiera puede vivir una “vida normal”, pero el Señor nos llama a vivir de una manera sobrenatural, de tal manera que mostremos su carácter en todo lo que hagamos. Sin el poder divino, ¿cómo se puede llegar a ser un buen padre o una buena esposa, cómo se puede perdonar, soportar sufrimiento, o ser un buen ejemplo de Cristo en el trabajo? El fruto del Espíritu no se logra con el esfuerzo propio (Gá 5.22, 23). La única manera de vivir en santidad, es mediante el poder del Espíritu Santo………………1 Juan 2:4-6, 4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
 
Ministerio Internacional De Oración Restauración Ministración Adoración Y Alabanzas “Dios Quiere Bendecirte”. Queremos orar por tu matrimonio, hijos, familia, salud, trabajo, amigos, entre otros, además si lo deseas visitarte en tu casa solo llama al 04244016913-04266429167 .En la web.tierraquefluyelecheymiel.blogspot.com/

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lunes, 29 de julio de 2013


POR: Antonio Macea

SOPORTANDO LA PRUEBA. PARTE III

Decía en el escrito anterior que es sumamente importante saber que “Los cimientos son esenciales para que una estructura pueda soportar varios pisos. En caso de que la cimentación sea débil, inevitablemente se producirá un colapso y el edificio se vendrá a tierra”. Con estas palabras como constructor que soy, sustentó la importancia de tener una base sólida en toda construcción. Igual ocurre con nuestra vida. A menos que haya un buen basamento, experimentaremos trastornos que serán evidentes a todos. Enfrentaremos dolor y lo provocaremos en los demás. Considero que se trata de una ilustración que grafica dos elementos sobre los que debemos trabajar como preámbulo a una Consejería eficaz, oportuna y bíblica: la Personalidad y la Conducta. Para quien estudio psicología o quizá recibió asignaturas afines durante su formación académica en el Seminario o en el Instituto Bíblico, es fácil comprender de qué se trata; sin embargo, como aspiramos tornar muy sencilla la enseñanza de tal manera que además de asequible a todo Pastor, Obrero o Líder que trabaja en la obra de Jesucristo, sea muy práctica, debemos comenzar por definir estos dos grandes conceptos de manera que los podamos comprender y asimilar con facilidad.  Latinoamérica se vio sacudida hace algún tiempo con la noticia sobre un hombre que, comenzando la mañana y frente a su negocio de ferretería en una plaza de mercado, procedió a agredir con un destornillador a los transeúntes. No había razón aparente para su comportamiento. Las autoridades reaccionaron con rapidez. Pese a ello no fue fácil detenerlo, es más, era literalmente imposible. Seguía lanzando ataques con aquella herramienta. Los intentos de un agente del orden por detenerlo degeneraron en una gresca hasta que un disparo zanjó las diferencias. El hombre murió. Su tragedia había comenzado dos horas atrás. Apenas se sentó a beberse un café en el desayuno, la esposa le recordó que debían tres meses de renta, a los hijos les habían devuelto dos veces de la escuela por estar atrasados en el pago de la colegiatura y, además, aquél día no tenían nada para el almuerzo.“¿Qué hago, mujer, si el negocio cada día va peor?”, gritó ofuscado al tiempo que echaba por el suelo el pocillo con café. Salió dando tremendo portazo. Estaba angustiado. La más mínima provocación desencadenó su ira irracional. Alguien que presenció la escena resumió el asunto al decir: “A este pobre hombre lo mató la desesperación”. Tenía razón. Estaba atravesando por un mal momento que se dimensionó como producto de problemas en su personalidad. Un hombre de la antigüedad a quien se consideraba ejemplo, delante de Dios y de los hombres, la esencia misma de la rectitud, se encontró en un abrir y cerrar de ojos en una penosa situación: perdió sus posesiones, en un absurdo accidente murieron sus hijos y para coronar la sucesión de incidentes trágicos, evidenció una enfermedad que no podían controlar los médicos de la época. Fue una presión externa enorme que golpeó su vida y, por ende, su personalidad. Presa de la desesperanza escribió: “Perezca el día en que yo nací, y la noche que dijo: “Un varón ha sido concebido”. ¿Por qué no morí yo al nacer, o expiré al salir del vientre? Porque ahora yo yacería tranquilo; dormiría, y entonces tendría descanso...¿Por qué se da luz al que sufre, y vida al amargado de alma; a los que ansían la muerte, pero no llega, y cavan por ella más que por tesoros; que se alegran sobremanera, y se regocijan cuando encuentran el sepulcro? Porque al ver mi alimento salen mis gemidos, y mis clamores se derraman como agua. Pues lo que temo viene sobre mí, y lo que me aterroriza me sucede. No tengo reposo ni estoy tranquilo, no descanso, sino que me viene tribulación” (Job 3:1, 11,20, 21, 24-26. La Biblia de las Américas). ¿Le resultan familiares estas reacciones? ¿Acaso ha tenido la oportunidad de apreciar actitudes así en amigos, familiares o tal vez en su propio ser? Si es así –como no dudo que haya ocurrido—hay problemas de personalidad tras los comportamientos errados descritos. Ese es el punto clave al que debe dirigirse el Consejero Cristiano. Ahora, para alcanzar mayor eficacia en la tarea, tanto de análisis como de acompañamiento con una orientación fundamentada en las Escritura, es necesario que definamos qué es la Personalidad. La forma más sencilla de describir la personalidad es precisando que se trata del conjunto total de nuestras facultades físicas, mentales y emocionales, que a lo largo de la vida de cada ser han sido construidas a partir de vivencias, experiencias y aprendizajes tanto favorables como desfavorables, positivos y negativos. Estos rasgos nos tornan distintos de las demás personas. Son algo único en cada hombre y mujer, porque igual, cada uno de nosotros es un mundo diferente. Sobre esa base, es natural que las reacciones difieran en las personas cuando reciben un estímulo igual. Por ejemplo: a Job, el personaje bíblico, le avisaron que había perdido sus propiedades y más aún: sus hijos. Se pronunció con calma ante quienes trajeron las malas noticias: “Desnudo  salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor” (Job 1:22. La Biblia de las Américas). Moisés, el profeta que guiado por Dios sacó a Israel de la esclavitud egipcia, también experimentó una situación delicada. Caminando  en el desierto  habían llegado a un lugar entre Elim y Sinaí. Tenían hambre y fatiga. “Y toda la congregación de los hijos de Israel, murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto.” Los dos siervos de Dios se llenaron de angustia. ¡Era toda una nación en su contra! Fueron al Señor en procura de ayuda. La calma retornó cuando Él se pronunció: “Entonces el Señor le dijo a Moisés: he aquí, haré llover pan del cielo para vosotros, y el pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día, para ponerlos a prueba si andan o no en mi ley” (Éxodo 16:2, 4. La Biblia de las Américas). Como podrá apreciar, mientras que Job guardó la calma y recurrió a Dios cuando las circunstancias se hicieron cada vez más difíciles y minaron su confianza en el poder divino, en Moisés la reacción fue opuesta: inmediatamente buscó al Supremo Hacedor porque en ocasiones, fácilmente sucumbía a las presiones.                                                       Nota algunos extractos de Consejería Pastoral de Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

POR: Antonio Macea
             SOPORTANDO LA PRUEBA. PARTE II
Decía en el escrito anterior que: El propósito de Dios para el hombre es una vida plena, el Señor Jesús dijo: “El ladrón solamente viene para robar, matar y destruir. Yo vine para que la gente tengan vida y la tengan en abundancia”. Nuestro amado Padre definió las características genéticas, el aspecto físico, las emociones y los rasgos básicos del carácter y la personalidad. ¿Quién podría obrar mejor un cambio en nosotros que Dios quien nos creó? Cuando se produce tal transformación, es como si cayera el velo que nos impedía reconocer cuál es el propósito que tiene para nosotros. En el proceso de trato del Señor con cada uno, llegamos a aceptarnos tal como somos y emprendemos la tarea de crecer en todos los órdenes; por supuesto, tal crecimiento implica aplicar ajustes donde hay fallas. ¿Cuánto demoran los cambios que tanto anhelamos? No hay un parámetro para determinar que será cuestión de días, meses o de años. En esencia es un proceso y debemos entenderlo como tal, de acuerdo como lo describe el apóstol Pablo al referirse a los cambios que podían apreciarse en sus pensamientos y acciones: cito lo que decía el Apóstol pablo en una de sus espítalas a los Filipenses “Con eso no quiero decir que yo haya logrado hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero si puedo decir que sigo adelante luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que falta por recorrer” (Filipenses 3:12, 13.). Ahora bien, ¿Podríamos resumir en tres puntos lo que anotaba Pablo? Por supuesto que sí. De su escrito aprendemos: 1.- Que la transformación y crecimiento personal y espiritual constituyen un proceso en la vida de todo cristiano. 2.- Que es necesario olvidar el pasado y no vivir atormentados por lo que hicimos o nos hicieron ayer. Por mucho que nos esforcemos, no volveremos atrás en el tiempo. 3.-Que es esencial seguir adelante bajo un convencimiento: siempre hay una nueva oportunidad para aprovecharla. Hay aspectos que se forjaron en nosotros al interior de la familia que difícilmente podrán ser modificados (a menos que lo haga Dios, por supuesto). Vienen a ser como una impronta. De ahí que muchos descubran en usted y en mí rasgos que identificaban a nuestros padres, quizá a los tíos e incluso, a los abuelos. ¿Quién sana esos recuerdos? El Señor Jesucristo durante el proceso de transformación que desarrolla en nuestras vidas. Insisto en algo: es necesario recordar que no podemos cambiar a los demás como tampoco ellos nos pueden cambiar a nosotros. Quien lo hace es Dios. Cuando tenemos claro este principio, es fácil comprender las etapas por las que atravesamos cuando estamos dando pasos de significación en el proceso de transformación personal y espiritual: La primera es el idealismo. Es aquella en la que soñamos un mundo perfecto con personas perfectas. La segunda es la confrontación. Es la fase en la que descubrimos que hay una enorme brecha entre el mundo que nos imaginamos y el real. Quienes nos rodean actúan muy distinto de cómo quisiéramos. Una tercera etapa es la de ajustes, cuando entendemos que el cambio comienza primero con nosotros antes de que se produzca un cambio en nuestro prójimo. Una vez tenemos una buena relación con Dios y con nosotros mismos, pasamos a la fase de cimentar una buena relación con los demás. Dios instruyó a su pueblo desde la antigüedad al trazar pautas de vida en comunidad. Él dijo: “Recuerden que cada uno debe amar a su prójimo como se ama a si mismo” (Levítico 19:18, 19. TLA – SBU). Es evidente que si me acepto tal como soy consciente de mi necesidad de aplicar ajustes puedo aceptar a los demás. Si no tengo amor propio, tampoco podré amar a quienes me rodean. ¿Comprende ahora la importancia de haber edificado los dos primeros pisos? Una buena relación con Dios y consigo mismo, sienta las bases para que las relaciones interpersonales resulten exitosas. El apóstol escribió: “Amen a los demás con sinceridad. Rechacen todo lo que sea malo, y no se aparten de lo que sea bueno. Ámense unos a otros como hermanos, y respétense siempre. No maldigan a sus perseguidores; más bien, pídanle a Dios que los bendiga. Vivan siempre en armonía. No se crean más inteligentes que los demás. Si alguien los trata mal, no le paguen con la misma moneda. Al contrario, busquen hacerles el bien a todos. Hagan todo lo posible por vivir en paz con todo el mundo” (Romanos 12:9, 10, 14, 16-18. TLA – SBU).  Sobre la base de las pautas bíblicas, aprendemos varios aspectos primordiales en el trato con los demás: Primero, amor sincero exento de fingimientos e hipocresía, segundo, desechar rencor, resentimiento y todo aquello que pueda levantarse como un muro que interfiera la relación con el prójimo, tercero, el respeto a la dignidad del otro, cuarto, no pagar con la misma moneda sino, con amor y gracias a la ayuda divina, orar por quienes nos hacen daño y en lo posible, ayudarles, quinto, poner de nuestra parte para que el trato interpersonal resulte edificante. Por supuesto,  hay situaciones en las que resulta literalmente imposible cualquier tipo de acercamiento. Existen personas intolerantes. Es algo que no vamos a cambiar de la noche a la mañana. En tal caso, es Dios y en oración, quien nos concede la salida. Por eso es sumamente importante saber que “Los cimientos son esenciales para que una estructura pueda soportar varios pisos. En caso de que la cimentación sea débil, inevitablemente se producirá un colapso y el edificio se vendrá a tierra”. Con estas palabras como constructor que soy, sustentó la importancia de tener una base sólida en toda construcción. Igual ocurre con nuestra vida. A menos que haya un buen basamento, experimentaremos trastornos que serán evidentes a todos. Enfrentaremos dolor y lo provocaremos en los demás.                           Nota algunos extractos de Consejería Pastoral de Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

POR: Antonio Macea
                          SOPORTANDO LA PRUEBA. I

El propósito de Dios para el hombre: Una vida plena El Señor Jesús dijo: “El ladrón solamente viene para robar, matar y destruir. Yo vine para que la gente tenga vida y la tenga en abundancia” (Juan 10:10. Versión: Nuevo Testamento, la Palabra de Dios para todos). Pienso que si pudiera apilar el enorme volumen de correspondencia que llega a diario con problemas de diversa índole, la oficina que ocupo no podría contener tantos documentos. Los corresponsales son hombres y mujeres sinceros, cuyo principal propósito es vivir a Jesucristo en el día a día pero encuentran dificultades para aceptar, asimilar y llevar a la práctica su nueva condición de hijos de Dios  nacidos de nuevo. Por supuesto, nada reemplaza el contacto cara a cara, pero curiosamente el que las personas puedan contar sus dificultades al amparo del relativo anonimato que ofrece un correo electrónico, abre las puertas para que haya franqueza y confianza al volcar sus sentimientos. La principal dificultad estriba en que no podemos hacer un seguimiento a cada caso como quisiéramos, porque muchas veces al intentar restablecer el contacto para conocer cómo evolucionan las cosas, los correos simplemente se pierden en ese lugar indeterminado del Internet a donde van a parar los mensajes que nadie quiere o considera conveniente responder. En mi caso no es asi, siempre saco tiempo para leerlos, oro por cada necesidad o problema planteado, pero lo esencial seria hacerles una visita programada para estrechar o solidificar una confianza que nos permita llegar al fin deseado. Sin embargo existe una interrogante siempre convergía en un solo punto: ¿Cómo hacerlo de una manera sencilla, sujeta a los principios bíblicos y que además, se manifestaran eficazmente mediante un adecuado acompañamiento con orientaciones oportunas? No podemos desconocer la enorme responsabilidad que nos asiste de atender lo que consideramos es un requerimiento a todo líder, consejero o pastor. Ahora bien cuando Dios da vida al género humano, lo puso en un Jardín preparado con antelación para que pudiera disfrutar de todo aquello que había ocupado sus primeros días de creación. Imagine a un padre amoroso que construye una casa para su hijo, la provee de todo lo necesario y cuando considera que todo está a punto, le entrega las llaves. ¡Eso fue lo que hizo el Señor con nosotros! ¿De dónde provienen entonces las situaciones traumáticas que afloran en decenas de personas trayendo amargura a su existencia? Del pecado. Cuando vamos en contravía de los propósitos del Creador para nosotros, asumimos las consecuencias. Pero hay una buena noticia: el Señor Jesús mediante su muerte en la cruz eliminó la brecha que nos separaba de Dios y ahora podemos disfrutar de la plenitud de vida que tenía planeada desde un comienzo para usted y para mí. “Por eso el sacrificio del cuerpo de Cristo nos hace sanos porque él hizo lo que Dios quería al sacrificarse una sola vez y para siempre. Nos ha limpiado y liberado de toda culpa, y ahora nuestro cuerpo está lavado con agua pura...“(Hebreos 10:10, 22. Versión: Nuevo Testamento, la Palabra de Dios para todos) ¿Hay razón para que continuemos en tal condición de tristeza, amargura y desesperanza no solo en el presente sino hacia el futuro porque todavía nos gobiernan los recuerdos y sensación de culpa de cuanto hicimos en el pasado? En absoluto. Fuimos lavados y cada día es un nuevo capítulo por escribir. Todo ser humano tiene un área espiritual, lo reconozca o no, que le abre las puertas para relacionarse con Dios o como le llaman algunos, con un Ser Superior. Esta área es de suma importancia. Sin embargo no estará en pleno desarrollo hasta tanto restablezcamos la relación con Aquél que creó todas las cosas, incluso a usted o a mi. ¿Qué nos separó del Señor? El pecado de Adán y Eva que sembraron en todas las generaciones desde entonces hasta la nuestra, una naturaleza pecaminosa siempre latente. Construir un puente que nos acercara al Padre fue posible por la obra del Señor Jesucristo. Aún así, hay quienes no conocen ese proceso maravilloso de liberación del pecado que se produjo en el Monte Calvario y siguen distanciados del Creador. Para eliminar esa brecha, Jesucristo nos llama a todos. Él dijo: “Yo estoy a la puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa, y cenaré contigo” (Apocalipsis 3:20 La obra ya se hizo en la cruz. Somos libres. Sin embargo tal libertad no será posible hasta tanto la comprendamos, asumamos y pongamos en práctica para dar paso a una naturaleza renovada. ¿Cómo lograrlo? Derribando los muros que nos mantienen alejados de Dios. Y, ¿cómo nos acercamos a Él? Por medio del Señor Jesucristo. “Jesús le respondió (a Tomás) Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin mi, nadie puede llegar a Dios el Padre” (Juan 14:6. ¿Desea ser un Consejero Cristiano? Primero, restablezca su contacto con Dios. ¿La razón? Hay decenas de personas que hablan de Dios, aconsejan asegurando que lo hacen sobre la base de pautas bíblicas y posan de ser cristianos, pero todavía no conocen a Dios. No han tenido un encuentro personal con Él, que es posible a través del Señor Jesucristo. Somos criaturas de Dios y Él nos ama, a pesar de nuestras fallas. Obviamente su propósito desde la eternidad para nosotros es que crezcamos en los niveles espiritual y personal. ¿En nuestras fuerzas? No, en las que provienen de Dios.  Un hombre de la antigüedad quien comprendió que los planes del Señor para él eran fabulosos, escribió: “Soy una creación maravillosa y por eso te doy gracias. Todo lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien seguro! Tu viste cuando mi cuerpo fue cobrando forma en las profundidades de la tierra; ¡aún no había vivido un solo día, cuando tú ya habías decidido cuanto tiempo viviría! ¡Lo habías anotado en tu libro!” (Salmo 139:14-16 TLA – SBU). Nuestro amado Padre definió las características genéticas, el aspecto físico, las emociones y los rasgos básicos del carácter y la personalidad. ¿Quién podría obrar mejor un cambio en nosotros que Dios quien nos creó? Cuando se produce tal transformación, es como si cayera el velo que nos impedía reconocer cuál es el propósito que tiene para nosotros. En el proceso de trato del Señor con cada uno, llegamos a aceptarnos tal como somos y emprendemos la tarea de crecer en todos los órdenes; por supuesto, tal crecimiento implica aplicar ajustes donde hay fallas. ¿Cuánto demoran los cambios que tanto anhelamos? No hay un parámetro para determinar que será cuestión de días, meses o de años. En esencia es un proceso y debemos entenderlo como tal, de acuerdo como lo describe el apóstol Pablo al referirse a los cambios que podían apreciarse en sus pensamientos y acciones: “Con eso no quiero decir que yo haya logrado hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero si puedo decir que sigo adelante luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que falta por recorrer” (Filipenses 3:12, 13.)

domingo, 28 de octubre de 2012


               
 
POR: Antonio Macea

MOSCA CON LAS MOSCAS MUERTA…

Aceptar el liderazgo implica considerar las múltiples responsabilidades que se asumen. Los demás están siempre observando el ejemplo de quien los guía y se hace de vital importancia que camine en integridad. Algunos aspectos en los que una líder debe cuidarse. Son infidelidad, malos manejos, abuso de autoridad, rebeldía, resentimiento, deudas no pagadas, cansancio extremo, descuido de la intimidad con Dios, entre otros. ¿Alguna vez se ha detenido a pensar en el grado de influencia que ejercen sus acciones sobre aquellos que le rodean?  Trabajar en algún ambiente de alta jerarquía, es un gran privilegio dado por Dios; es también una posición de honra que está reservada sólo para los que son llamados a ocuparla, y por tanto, como es un regalo de la misericordia del Señor, aunque no deseemos que las personan nos miren o admiren, esto siempre se dará. Oremos al Señor para que afine nuestra sensibilidad y nos haga siervos fieles, comprometidos e irreprensibles.  No podemos ignorar que existe un sinnúmero de personas a nuestro alrededor buscando si tenemos huesos, porque es tal el grado de excelencia con la que vivimos la vida cristiana y con la que servimos al Señor que hay quienes dicen: «este (o esta) tiene que ser de carne y hueso, aunque demuestre lo contrario».  Algunos están al acecho, pero no debe olvidarse que muchos serían gravemente afectados por un desliz nuestro, sólo porque consideran que somos personas dignas de admirar. ¿Cuál será nuestro grado de influencia en otros?  Cuando somos llamados al liderazgo, son muchas las personas que dependen de nuestras acciones y por ese motivo, de allí se define si impactamos positiva o negativamente sus vidas. El libro de Eclesiastés 10:1 declara lo siguiente: «Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable». Cuando se comete una locura, no importa la conducta previa; es como si apareciera un enorme borrador que elimina lo bueno que se haya hecho, no importa el tiempo, y deja ver sólo el error cometido.  Esto ocurre porque se pierde el buen nombre, el buen testimonio que nos fue entregado por el Señor, e incluso el nivel de confianza que muchos habían depositado en nosotros.  Pero, es preciso tener claro que ningún ser humano está exento de cometer errores, no importa si es siervo de Dios, si lleva un buen testimonio o si ha sido una excelente persona.  Las locuras siempre andarán rondando para atraparnos y por eso que debemos cuidarnos de ellas; pensar en las consecuencias que traerían nuestras acciones, nos ayudará a evitar grandes faltas que muchas veces se convierten en un estilo de vida. para cumplir una labor especial, debemos tener presente que una vez escogidos por Dios, pasamos del anonimato a tener una vida pública, una identidad; son muchos los que nos conocen, aunque no siempre conocemos a los que nos miran. ¿Cuáles son entonces las moscas muertas de las que debemos cuidarnos? Aquellos errores que a nuestro parecer no tendrán mayor repercusión, pero que a la larga hacen mucho daño.  Solamente mencionaremos algunos de ellos, a fin de que usted tome las precauciones necesarias: La infidelidad:   es una de las armas más poderosas en la destrucción de familias y liderazgos.  Debe recordarse que nadie es infiel de la noche a la mañana, sino que son las pequeñas zorras las que poco a poco van minando la relación matrimonial hasta hacerla caer.  Cuando un esposo le dice a otra mujer cosas agradables que no le dice a su esposa, se enciende inmediatamente la luz intermitente anunciando ¡PELIGRO!  Echar por la borda una relación matrimonial de muchos años y faltar al pacto de fidelidad sólo por un momento de placer, o cambiar a los hijos para criar aquellos que ni siquiera se engendraron, no es más que una locura. Malos manejos: hay quienes pretenden desarrollar su liderazgo ofreciendo solo buenas predicaciones, pero la labor no implica más ofrecer solamente si no, actuación. Se trata de administrar, organizar y evaluar, cada cierto tiempo, el buen funcionamiento de todo el sistema empleado.  Siempre es saludable trabajar con un equipo responsable de rendirnos cuentas en cuanto a lo financiero, pues ser juez y parte en los manejos económicos nunca será beneficioso, por eso se requieren personas a quienes tengamos que rendirles también nos den cuentas.  No es saludable tomar decisiones sin buscar asesoría, sin consultar y sin meditar.  Analizar antes de actuar redundará en grandes bendiciones la obra agradable ante el Señor y los hombres. Abuso de autoridad: las personas que tenemos a nuestro cargo son colaboradores en la gran viña de nuestro Dios, no son empleados de nuestra hacienda o finca.  Cuando entendemos que Cristo pagó el precio por cada una de esas personas, tendremos presente siempre que nuestro deber es guiar a las personas por la senda correcta y no enseñorearnos de ellas como si hubiésemos pagado el precio por sus almas.



Proverbio 29.2 Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra: Mas cuando domina el impío, el pueblo gime.
POR: Antonio Macea
 
Tu presente es Tu pasado, así como la causa de Tu futuro será Tu presente.II

Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar. No olvides que la causa de Tu presente es Tu pasado así como la causa de Tu futuro será Tu presente. Aprende de los audaces, de los fuertes, de quien no acepta situaciones, de quien vivirá a pesar de todo, piensa menos en tus problemas y más en Tu trabajo y tus problemas sin alimentarlos morirán. Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande que el más grande de los obstáculos. Quien conoce a los hombres es inteligente. Quien se conoce a si mismo es iluminado. Quien vence a los otros posee fuerza. Quien se vence a si mismo es aún mas fuerte. Quien se conforma con lo que tiene es rico. Quien obra con vigor posee voluntad. Quien se mantiene donde encontró su hogar, perdura largamente. Morir y no perecer, es la verdadera longevidad. Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas. Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama. Quien no ha tenido tribulaciones que soportar, es que no ha comenzado a ser cristiano de verdad. Aprueba a los buenos, tolera a los malos y ámalos a todos. Recuerda  cuando oramos hablamos con Dios, pero cuando leemos su  palabra es Dios quien habla con nosotros. ¿Quieres ser feliz por un instante? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz para siempre? ¡PERDONA!” siempre dile al Señor: Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo. Enséñame a querer a la gente como a mi mismo y a no juzgar a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso. Más bien, recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.Sólo porque alguien no te ame como tu quieres,  no significa que no te ame con todo su ser. La vida es una obra de teatro que no permite ensayos... Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida...antes que el telón baje  y la obra termine sin aplausos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Además, el universo siempre está dispuesto a complacernos, por eso estamos rodeados de buenas noticias. Cada mañana es una buena noticia. Cada niño que nace es una buena noticia, cada canto es una buena noticia, porque cada cantor es un soldado menos, por eso dicen que  hay que cuidarse del que no canta porque algo esconde. Es bueno recordar que  Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. Admitamos que hayas resuelto el enigma de la Creación. Pero ¿cuál es tu destino? Admitamos que hayas despojado de todas sus vestiduras a la Verdad. Pero ¿cuál es tu destino? Admitamos que hayas vivido cien años felices y que te esperen cien más. Pero ¿Cual es tu destino?" una cosa si te digo.Si en verdad queremos amar, tenemos que aprender a perdonar. Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y lo hace. Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.